3 may. 2013

"Raymundo Gleyzer: a contramano de la cultura oficial". Por Néstor Kohan



Alfredo Guevara (1925-2013) ha sido uno de los grandes intelectuales militantes de la Revolución Cubana. Amigo y compañero de Fidel Castro desde los tiempos universitarios, sus intervenciones marcaron a fuego los debates culturales de la revolución durante más de medio siglo.

Ya desde los primeros años ’60 Alfredo Guevara fue uno de los principales críticos de los criterios estéticos y culturales cerrados, esquemáticos y muchas veces dogmáticos que intentaron imponerse en Cuba apelando por aquella época a la autoridad de la todavía poderosa Unión Soviética. Alfredo garantizó que el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica) mantuviera siempre un criterio amplio, incluso durante el auge del período donde Cuba más se acercó a la URSS (1971-1976). Su independencia de criterio estético y la autonomía cultural de su pensamiento político le ganaron un gran respeto entre la intelectualidad cubana, latinoamericana y mundial.

Aunque leí y estudié en detalle aquellas intervenciones y polémicas suyas juveniles (1), tuve el honor y el placer de conocerlo personalmente cuando ya era un hombre mayor. Lo entrevisté en los festivales Internacionales del Nuevo Cine latinoamericano, eventos a los cuales nos invitó algunas veces. Junto con varios amigos cubanos (algunos estrechos colaboradores suyos), allí pudimos conversar, intercambiar opiniones políticas e incluso discutir de temas teóricos, no sólo de cine, sin duda su gran pasión.

Alfredo no sólo era una figura consagrada, respetada, admirada. No se limitaba a pronunciar discursos genéricos o diplomáticos dirigidos a seducir a la intelectualidad europea y latinoamericana. Al mismo tiempo se animaba a realizar afirmaciones sumamente polémicas, agudas y punzantes. Alguna vez me tocó escucharlo en una de esas estocadas incluso ante la cámara de la televisión oficial, a la que cuestionó duramente. No se callaba. Comunista sincero y fidelista leal (me consta que tenía por Fidel un cariño y una admiración jamás disimulados), nunca fue un obsecuente. No se calló. Habló. Y eso no fue una limitación sino quizás su mejor virtud.

Pero al mismo tiempo, además de participar e intervenir siempre en el debate cubano interno, supo ayudar a todos los rebeldes del mundo sin necesidad de realizar grandes gritos histriónicos ni poses teatrales. En pleno Festival de Cine, con toda la afluencia de grandes estrellas de la industria cinematográfica (que Cuba necesitaba y necesita para romper el bloqueo) Alfredo reservaba salas para mostrar el nuevo cine de la insurgencia político-militar latinoamericana actual, no sólo del pasado. Con discreción y mucha lucidez (para él la revolución era y es precisamente eso: lucidez, como tituló uno de sus mejores libros) permitió y ayudó a organizar la muestra cinematográfica de una guerrilla comunista, bolivariana y guevarista, que todavía hoy sigue combatiendo en las selvas y montañas de Nuestra América. La posición favorable de Alfredo Guevara contribuyó a garantizar el debate político, aun cuando la exposición del film no salía anunciada en el programa diario abierto a todo el público que asistía al festival. Ese gesto, callado, silencioso, pero firme, lo pinta de cuerpo entero. Su cuerpo estaba viejo, pero su mente y su corazón seguían siendo los de un joven rebelde.

Lo mismo podría decirse de los colaboradores que mantenía a su lado, algunos de ellos —amigos nuestros— jóvenes rebeldes y díscolos que continúan animando el debate por el socialismo en la Cuba actual.

Alfredo era un viejo revolucionario —así lo conocimos, anciano— que sabía rodearse de jóvenes. Se formó en otra época pero nunca se resignó a dejar de dialogar con los jóvenes de hoy en día con quienes mantenía no pocas discusiones acaloradas, pero cuidándose de no romper el vínculo con ellos, sabiendo que sin la juventud la revolución no tiene futuro.

Seguramente ahora estará discutiendo en algún lugar, ¿quién sabe adónde?, sobre alguna película o protestando por la vulgaridad y la mediocridad de Hollywood que tanto despreciaba. Abrazo grande, querido Alfredo. Muchas gracias por la solidaridad y por la lucidez.

Néstor Kohan: ¿Usted lo conoció a Raymundo Gleyzer?

Alfredo Guevara: Sí, lo conocí. Pero no lo evalué. Tengo pocos recuerdos directos de él. Recuerdo su rostro, su persona, etc. Pero yo empecé a magnificarlo y a interesarme mucho en él a partir de que para nosotros se convirtió en una figura mítica. En realidad en aquellos años, segunda mitad de la década del ’60, mi relación fundamental con los cineastas argentinos era la histórica de Mauricio Berú, de Edgardo Pallero que en su momento, en 1967, habían estado en el Festival de cine de Viña del Mar y luego continuó esa relación muy estrecha. También con un compañero llamado Walter Achugar, de Uruguay. Pallero y Achugar eran del mismo grupo. Dolly Pussi que está ahora en Cuba en este momento, estaba casada con Pallero. También hubo vínculo, menos idílico, con Fernando Solanas y Octavio Getino que habían hecho La hora de los hornos. Nos había parecido una película extraordinaria. En aquella época —eso ya pasó— tuve con ellos una relación un poco conflictuada. El problema era que estos dos últimos compañeros cambiaban de aquí para allá con el Che y eso a mí me desconcertaba.

Néstor Kohan: ¿Usted se refiere a la diferencia entre la primera y la segunda versión de La hora de los hornos? ¿Al cambio del final que aparece en la segunda versión?

Alfredo Guevara: Sí, pero no sólo a eso. También le hicieron la entrevista al general Perón. Y yo, a pesar de que en Cuba había un peronista, un ideólogo, que me parecía muy lúcido...

Néstor Kohan: ¿John William Cooke?

Alfredo Guevara: Sí, Cooke. Él me parecía muy lúcido y también su esposa.

Néstor Kohan: Alicia Eguren...

Alfredo Guevara: Sí, exactamente, Alicia. Pero a mí no me convencía que todo tuviera que pasar por Perón porque, supuestamente, eran “las características de Argentina”. No me convencía eso. Me parecía que no eran las características de Argentina sino las de cualquier lugar donde surgiera una corriente confusa y que confunde. Pero yo mismo no tenía claridad, no estaba seguro si yo tenía razón o no la tenía. Ellos argumentaban muy bien, pero no me convencían. En el caso de Raymundo Gleyzer, sobre quien tú me preguntas, él no coincide exactamente en esa época cronológica, sino que su obra fílmica comienza a ser conocida un poquito después. Yo escuché hablar del «Cine de la base» pero realmente no llegué a dominar ese tema sino hasta más tarde cuando se convirtió en una figura orgullo del Nuevo Cine Latinoamericano. Aclaro que nosotros no buscábamos mártires. Pero Raymundo se convirtió en una figura emblemática de todo el movimiento de cine de América Latina.

Néstor Kohan: ¿Usted pudo ver la filmografía de Raymundo?

Alfredo Guevara: Sí, la he visto. Además nosotros, en Cuba, hemos hecho retrospectiva de su obra. Es decir, Raymundo se ha convertido en una figura emblemática. Nosotros no buscamos mártires, pero los mártires se dieron. Las dictaduras se encargaron de eso. Los militares se encargaron de dar pruebas, por si alguien tenía dudas, que los cineastas son también combatientes.

Néstor Kohan: ¿Cómo caracterizaría aquella fase inicial del Nuevo Cine Latinoamericano?

Alfredo Guevara: Una de las características de la primera etapa del Nuevo Cine Latinoamericano, a partir del encuentro de Viña del Mar de 1967, es que prácticamente de un modo u otro, uno con una escala, otros con otra, de acuerdo a las características de sus posibilidades, de su formación, del país donde estaba, de la situación de su sociedad, quedó claro para todos nosotros que se da una inquietud social, más combativa, menos combativa, de denuncia, de afirmación e identidad, pero comenzaba a hacerse un cine separado de las normas habituales. Esto incluía hasta a cineastas que no lo sabían. Parecía un denominador común de lo que estaban haciendo todos los cineastas de esa generación de América Latina, en lugares lejanos y sin conocerse. Para mí reflejaba la situación del continente y de la islita esta, donde vivimos [Cuba], en un momento dado. Había como una emergencia del espíritu revolucionador y de afirmación de identidades y de descubrimiento de rasgos de las identidades que todo el mundo destacaba. Había desde un cine tan directamente combativo como el de Jorge Sanjinés en Bolivia hasta otro que era de crítica social o de remembranza de revoluciones, etc, pero el espíritu de reto y de aceptar retos, estaba generalizado.

Néstor Kohan: En su libro Revolución es lucidez [La Habana, Ediciones ICAIC, 1998] usted reproduce algunas polémicas que a partir del nuevo cine latinoamericano, pero no sólo del cine, mantuvo con antiguos dirigentes de los partidos comunistas...

Alfredo Guevara: Mira, en Cuba mucha gente del cine cubano, ese es mi caso, teníamos posiciones muy definidas. Quizás no todos las tenían tan definidas, pero los que militábamos teníamos definido que el movimiento comunista —refiriéndome no al comunismo sino a los PC— y sus partidos tradicionales eran “catequizadores”. Esa expresión la encontré recientemente, pero el pensamiento yo lo tenía desde 1959. Catequizadores, no combatientes. ¡La hora era de combate, no de catequizar! Difundían ideología pero esa ideología no se convertía en nada. De todas maneras jugaban un papel, pero a mí me parecía totalmente insuficiente. La lucha por el poder tiene que ser por todos los caminos. Yo creo, como alguna vez sugirió Fanon, que el verdadero momento de la lucidez política es cuando tú le arrancas el fusil al enemigo y lo viras contra él. El problema principal es la toma del poder. Y desde el poder tomar medidas radicales y rápidas. A mis 83 años yo no soy un teórico ni me doy de teórico, simplemente soy alguien que experimentó muchas cosas en la vida, incluida la clandestinidad, y soy alguien que estuvo muy cerca de Fidel y del Che. Las polémicas del cine, específicas y con densidad propia, estaban entremezcladas con polémicas políticas de mayor alcance todavía sobre la revolución en América Latina y el mundo. Yo sentía que los PC se habían convertido en conservadores. Cuando surgía este movimiento de cine, que también protagonizaban desde su escala y de modo muy diferente los jóvenes cineastas, pues empezaba la crítica a esa actitud conservadora...

Néstor Kohan: ¿Qué modalidades asumía esa crítica?

Alfredo Guevara: Yo la veo desde los jóvenes cineastas de aquella época. Era una actitud, por decirlo de algún modo, insurreccional, aunque quizás resulte excesivo llamarlo de ese modo. No era sólo de los jóvenes cineastas, sino un movimiento mucho más amplio, insurreccional, de aquella generación. Era una insurrección a veces armada, pero también era una insurrección contra la rutina del pensamiento, contra la estrechez, contra la homogeneidad impuesta por la última fase de la Internacional bajo mandato de Stalin, etc. Aquella época de la guerra antifascista y el frente mundial antifascista que ennoblecía los actos de apoyo a todo lo que tuviera que ver con la Unión Soviética y su papel concreto de combate frente al nazismo y los ejércitos de Hitler, contra las ocupaciones fascistas de los países, etc, etc, todo eso obnubilaba un poco el análisis teórico. Además los PC, incluido el viejo Partido Socialista Popular (PSP) de Cuba, quedaron permeados por toda esta situación y porque el partido más cercano, el PC de EEUU con Earl Russell Browder a la cabeza, dieron un buen cambiazo, al acercarse al New Deal...

Néstor Kohan: En esa época se decía que los PC debían colaborar con la burguesía “progresista” y buscar la “unidad nacional”...

Alfredo Guevara: Exactamente. En Cuba eso se dio en una alianza con Fulgencio Batista... el Batista de la década del ’40. Así, de ese modo, se implementó la política de tratar de influir y movilizar a los gobiernos para que acepten la alianza con la Unión Soviética... Era un punto clave. El nazismo fue realmente algo terrible, ¿no? Pero de ahí se sacaron tesis políticas complicadas y sumamente erróneas que se aplicaron en América Latina de la mano de los partidos influidos por la Unión Soviética. Sobre aquellos viejos partidos y aquellas viejas tesis... erróneas obviamente... no pienso, sin embargo, que deban llevarnos a una condena ciega. No creo en una posición “anti-partidos comunistas”. ¡No! Yo creo que hay que tratar de evaluar y comprender aquella cultura política, pero al mismo tiempo tenemos que ser implacables con todos esos errores porque esos errores paralizaron el movimiento revolucionario en América Latina. Esa cultura política influida por la Unión Soviética de la época de Stalin y la nueva cultura de izquierda que la puso en discusión se expresaron en los debates de la cultura de América Latina y en las discusiones apasionadas sobre las cuales nació el Nuevo Cine Latinoamericano.

Néstor Kohan: En el caso particular de Raymundo Gleyzer también se presenta esa disyuntiva. Porque él comienza, en su primera juventud, militando en la tradición comunista clásica, con la cual rompe poco tiempo después, polemizando con ese reformismo que usted describe, para integrarse en la tradición guevarista encarnada en Argentina por el PRT-ERP [Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo]...

Alfredo Guevara: Eso yo no lo sabía. No conocía su primera militancia juvenil. Pero mira, una cosa interesante de Raymundo, que luego he aprendido estudiando sobre él, consiste en que él creía en el cine como un arma... ¡Pero no como un arma a la que no le interesaban los valores estéticos! Creo que en la obra y el pensamiento de Raymundo Gleyzer estaba muy claro que la eficacia partía de que el cine fuera realmente cine, no solamente un arma. Eso me identifica mucho con lo que yo conozco de Raymundo. También me identifica con los resultados en pantalla de su cine, no siempre perfectos pero siempre a la búsqueda... siempre en la dirección clara de realizarse a través del arte, sin renunciar a la especificidad del arte, empleando el cine como un arma.

Néstor Kohan: En su film Los traidores Raymundo conjugaba el documental con la ficción... ¿usted pudo ver esa película?

Alfredo Guevara: Sí, la he visto. La burocracia sindical, tal como él la refleja en su film y como yo sé que ha existido y existe en la Argentina, es un caso muy argentino y muy mexicano al mismo tiempo. Raymundo también conocía el caso mexicano de cerca...

Néstor Kohan: Él también filmó México, la revolución congelada...

Alfredo Guevara: Exactamente. Aunque te confieso que en mi mente no he logrado generalizar ese fenómeno de la burocracia sindical como Raymundo la retrata en Los traidores. Siempre he visto el fenómeno argentino como una rareza. No termino de entender la vida política argentina, por eso empleo el término “rareza”. Para hablar claro tampoco entiendo mucho la vida política mexicana.

Néstor Kohan: ¿Usted tiene en mente el paralelo peronismo – PRI [Partido Revolucionario Institucional de México]?

Alfredo Guevara: Sí, pero como los cubanos hemos estado más cerca de la revolución mexicana, de la vida cultural, intelectual y política mexicana y además como he vivido en México y no he vivido en Argentina, me resulta complejo entender. Por ejemplo, un día viviendo en México, a fuerza de no entender nada, pensé que la única manera de entenderlos es convertirme a la mentalidad mexicana. Pero a mí me ha costado mucho hacer esa operación mental con Argentina. Yo no logro entender que un pueblo más instruido que otros pueblos de América Latina haya adherido masivamente al peronismo. Confieso que nunca lo he logrado entender y eso que conozco, creo, en gran profundidad América Latina y a gran parte de sus países y sociedades. Incluso leyendo a gente como ustedes, de tu generación, que son más jóvenes, y que intentan reinterpretar la historia cultural argentina, ni siquiera así logro entender. Te doy un solo ejemplo de muchos otros posibles. Como cubano yo he tenido muchos profesores republicanos españoles, anarquistas, comunistas, etc. Mi primera militancia política fue anarquista, cuando yo era muy jovencito. Y por eso siempre he seguido las discusiones que se dan en el estado español sobre la República, la revalorización que hoy ha comenzado de todo aquello vinculado a la República. Y mirando muchos documentales al respecto me encuentro con la filmación de la visita entusiasta de Eva Perón a la España de Franco. ¡Confieso que no entiendo cómo pudo ser una heroína popular y haber sido factor de movilización popular en Argentina! ¡Con la España del generalísimo Francisco Franco! Y el general Perón exiliado allí... al lado de Franco... en el barrio de Puerta de Hierro, barrio de burgueses y grandes señores... pudiendo haber elegido otros países... incluso muchos de América Latina. ¡Qué gesto de primitivismo político e intelectual inaceptable! En Cuba se hubiera rechazado ese vínculo político con el franquismo de plano, hubiera generado rechazo y hasta risa y no estoy diciendo que Cuba sea mejor que Argentina. Simplemente no lo entiendo... Y entonces, hablando de confesiones, también te confieso que para mí Raymundo ha sido alguien raro, un personaje cultural “raro”.

Néstor Kohan: ¿En qué sentido?

Alfredo Guevara: En el sentido de que Raymundo me parece que fue más coherente con mi propia visión del mundo y del cine. Pero si lo ubicamos en esa Argentina que fue capaz de movilizarse con Evita..., me siento y me pienso mucho más cerca de Raymundo —de Raymundo y de sus compañeros y compañeras, tomo a Raymundo sólo como ejemplo de toda una corriente política— pero me da la sensación de que es marginal. Veo a Raymundo como alguien que no encaja con la imagen de lo que se presentó como “la Argentina real”, es decir, con esa Argentina que en aquella época estaba dividida entre el peronismo y la revista Sur, aquella constelación de la cultura que se asemejaba mucho a la cultura europea. La cultura que representaba Raymundo Gleyzer no encajaba en ninguna de las dos Argentinas, ni en el mundo populista del peronismo oficial ni en el mundo liberal y eurocéntrico de la revista Sur, los círculos de Borges y las hermanas Ocampo. Raymundo Gleyzer no encajaba. Su mundo político y cultural, su cine y sus opciones de vida, no encajaban en ninguno de esos dos polos dicotómicos. Digo esto aclarando que no conozco bien Argentina y por eso me cuesta comprender. Entonces, puedo admirar a Raymundo y a su generación, que hoy sería una generación vieja, ¿tú me comprendes? Admiro a Raymundo Gleyzer y a los más jóvenes que hoy piensan y actúan por esa línea pero me pregunto si ese segmento no fue una minoría.

Néstor Kohan: Evidentemente, si somos realistas, la propuesta político-cultural guevarista de Raymundo y de su corriente no logró quebrar la hegemonía de los dos polos de la cultura oficial argentina, tanto del mayoritario populismo peronista como del mucho más pequeño liberalismo europeísta de la revista Sur, Borges, Bioy Casares y sus continuadores. Pero la tarea sigue pendiente para las nuevas generaciones... ¿no es cierto? Construir una hegemonía antiimperialista y anticapitalista disputando con la Argentina oficial... tanto en el cine militante como en toda la vida política.

Alfredo Guevara: En la propuesta estoy de acuerdo contigo. Pero yo lamento que Raymundo no lo lograra y quedara marginal. Insisto en que no conozco en forma absoluta Argentina y puedo estar diciendo cosas erróneas. Hoy pienso que estamos en un nuevo momento de ebullición política en nuestra América. Ojalá aquellos proyectos políticos y culturales de Raymundo Gleyzer encuentren recepción en las nuevas generaciones argentinas y latinoamericanas.

NOTAS:

(1) Hemos intentado analizar algunos de los principales debates y polémicas desarrolladas por Alfredo Guevara en nuestro ensayo “Pensamiento Crítico y el debate por las ciencias sociales en el seno de la Revolución Cubana”, recopilado en el libro Crítica y teoría en el pensamiento social contemporáneo. Buenos Aires, CLACSO, 2006. pp. 389-437.

(2) Raymundo Gleyzer (1941-1976) es un cineasta militante y revolucionario argentino. Fue secuestrado el 27 de mayo de 1976 por las Fuerzas Armadas argentinas, salvajemente torturado y finalmente asesinado.

Fuente: http://www.albatv.org/Raymundo-Gleyzer-a-contramano-de.html

Atilio Borón: “Lo que veo en el futuro es una consolidación del chavismo, probablemente su radicalización”



Entrevista de Juan Manuel Karg a Atilio Boron -Politólogo y Sociólogo argentino, Director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia (PLED)- sobre el legado que deja Chávez para Venezuela y América Latina, y las perspectivas de la Revolución Bolivariana de cara a la elección presidencial del 14 de Abril. La misma forma parte del dossier de la revista mensual de la organización MAREA Popular de Argentina, integrante de la Articulación de Movimientos Sociales hacia el ALBA.

Juan Manuel Karg: Antes que nada, ¿qué legado cree usted que nos deja Hugo Chávez a los pueblos de Nuestra América y en general a todos aquellos que buscamos el cambio social en Nuestra América?

Atilio Borón: Creo que en primer lugar nos deja como una gran herencia la reinstauración del socialismo como una alternativa de superación del capitalismo. Hasta que Chávez no lo proclamó en el Foro Social Mundial del 2005, en Porto Alegre, el socialismo había poco menos que desaparecido, enterrado por el derrumbe de la Unión Soviética, la caída de los mal llamados “socialismos reales” del Este europeo y la indefensión en la que había quedado Cuba producto del desplome de lo que muy laxamente podríamos caracterizar como el campo socialista. Lo cual hizo que durante quince o dieciséis años prácticamente no se hablara de socialismo. A Chávez le debemos que el concepto de socialismo se haya reintroducido en el léxico político, no sólo de América Latina y el Caribe, sino inclusive de Europa y Estados Unidos, por lo menos. Hasta podemos hablar de algunos países africanos y de Asia. Esta es una primera, enorme, enorme contribución de Chávez.

La segunda es que Chávez dotó a la consigna de la unidad latinoamericana de un contenido concreto, no meramente retórico, que hizo que por primera vez en la historia de nuestros países apareciera en ciernes una conciencia latinoamericana real, no únicamente discursiva. La prédica latinoamericanista de Chávez empezó siendo muy abstracta, una apelación a la unidad que se remontaba a los escritos de Bolívar pero que no llegaba al presente. Más tarde, en cambio, esa convocatoria se fue llenando de contenidos concretos como la resistencia y la lucha contra el ALCA -que fue decisiva para América Latina-, el programa de Petrocaribe, la creación de Telesur, del Banco del Sur, de la Unasur, el Consejo Sudamericano de Defensa y la CELAC. Chávez tuvo el enorme mérito de bajar de una determinación abstracta, retórica, discursiva, a un conjunto de políticas concretas que le dieron a la consigna de la unidad latinoamericana una identidad y una unidad de propósito que no había tenido en el pasado.

JMK: Hay una noción que a nosotros nos interesa tomar de Chávez que es la noción de poder popular, a partir de la creación de los Consejos Comunales y otras formas de protagonismo social, porque entendemos que es una de las experiencias más avanzadas del continente y del mundo. ¿Usted qué piensa de esta noción, de las experiencias que pudo visitar y cuál cree que fue el papel que tuvo Chávez en este tema? Porque de algún modo él desde dentro del Estado fue un impulsor de la propia destrucción del Estado y del pasaje al poder popular.

AB: Primero me parece que el socialismo bolivariano es una propuesta muy innovadora. Pero es una propuesta que de todas maneras está recién en sus comienzos. Justamente el 20 de octubre del año pasado, en una de sus últimas reuniones con sus ministros, Chávez llamó mucho la atención sobre los desafíos y las dificultades en el desarrollo de las Comunas y los Consejos Comunales, a pesar de que en los papeles existe la creación de varios miles de experiencias que deberían ser el embrión de un futuro Estado socialista. De todas maneras hay un elemento alentador que es que una parte importante del presupuesto del Estado venezolano se procesa y se administra a través de las Comunas, lo cual es muy significativo. Pero estas Comunas están lejos de haberse consolidado, tienen todavía un trecho muy largo para recorrer. Hubo una decisión, en muchos casos tomada desde arriba por Chávez y por su equipo de gobierno, pero el funcionamiento de esas experiencias de base requiere un grado de una conciencia, una madurez revolucionaria y un grado de organización que no necesariamente existe en la sociedad venezolana, sobre todo en sus clases y capas populares.

JMK: Hay cierta creencia en algunos ámbitos de la militancia de que después del triunfo de 2005, cuando se frustró el ALCA, prácticamente se venció a Estados Unidos. Sin embargo usted expuso muchas veces que Estados Unidos sigue con bases militares en nuestro continente y que continúa con su política de injerencia. ¿Cómo queda América Latina sin ese hombre, que era el más antiimperialista de todos los presidentes?

AB: Yo creo que quedamos en una posición un poco debilitada, porque Chávez era el motor permanente de todas estas iniciativas, de manera tal que va a resultar difícil poder sustituirlo. Ahora, yo creo también que producto de la prédica y la práctica de Chávez durante tantos años se ha logrado plasmar una creciente coincidencia entre gobiernos de la región no todos los cuales tienen el mismo signo político. Por supuesto que pocos gobernantes tienen la fuerza de voluntad y la claridad ideológica que tenía Chávez. Algo de eso podemos encontrar en Rafael Correa o en Evo Morales, no así en otros presidentes en donde la adhesión a los ideales bolivarianos es más vaga y difusa o, en algunos casos, abiertamente oportunista. Pese a ello y gracias a la incansable labor unitaria de Chávez en el momento actual se observa la coagulación de un consenso muy fuerte que yo no creo vaya a disolverse fácilmente. Creo que la agresividad del imperialismo norteamericano con sus 76 bases establecidas en la región hace que los países, aun aquellos gobernados por expresiones políticas de la derecha, no estén predispuestos a abandonar demasiado ligeramente una propuesta de carácter integracionista que bien podría ser la única alternativa a su fagocitación por los Estados Unidos. Nadie se va a ir de la Unasur ahora que no está Chávez, ni tampoco creo yo que Venezuela se vaya a ir del Mercosur porque no esté Chávez. Una tarea importante para nosotros es diferenciar el estilo de intervención de Chávez -producto de su excepcional carisma- de la orientación y contenidos de las políticas que el Estado bolivariano adoptó desde la llegada de Chávez al poder. Yo creo que esas políticas van a continuar con Nicolás Maduro, no tengo ninguna duda; sólo que el estilo de conducción va a cambiar. Entre otras cosas porque Chávez es un personaje único y dueño de un carisma intransferible, de forma tal que por más que se quiera, el estilo con el cual va a gestionar Nicolás Maduro, tanto en el plano nacional como el internacional, va a ser diferente al de Chávez.

JMK: Días atrás se presentó el comando de campaña de Capriles. Le pusieron de nombre Simón Bolívar. ¿Qué es lo que se juega el 14 de abril teniendo en cuenta que la nueva derecha latinoamericana muchas veces se intenta apropiar de los símbolos populares como el propio Simón Bolívar, contrariando totalmente su ideario?

AB: Bueno, creo que esta es una maniobra desesperada de Capriles. Los datos que tenemos hasta el momento muestran que Maduro tal vez lo derrote por una diferencia mayor que la que logró Chávez en su momento. Llamar Simón Bolívar a su comando de campaña es una maniobra similar a la que efectúa el exilio cubano que designa a sus engendros propagandísticos como Radio Martí o TV Martí. Tratan de apropiarse de los símbolos de la izquierda, en lo que es una expresión de la tremenda orfandad en la cual se encuentra esta gente. Necesitan desesperadamente encontrar un discurso que de alguna manera los haga aparecer como continuadores prolijos y no corruptos de la experiencia bolivariana, que ellos califican como despótica, y esto lo único que hace es demostrar su falta de ideas y de proyecto. O, “pensando mal”, que tienen un proyecto inconfesable y que por lo tanto no se atreven a someter a la luz pública. Quiero aclarar que en Venezuela circulan informes que dicen que hay un plan para que Capriles pueda bajarse de los comicios antes de tiempo. Salió una nota muy interesante en el portal de noticias Aporrea.org que dice que hay un plan B por si los números de las encuestas demuestran que Capriles no crece y no puede recuperar los seis millones y medio de votos que sacó en las últimas elecciones. En ese caso probablemente se retiraría, pero para justificar su huida la ultraderecha no dudaría en enturbiar el clima preelectoral con sabotajes, disturbios o, inclusive, una matanza de sus propios seguidores a partir de la cual hacer una denuncia en contra del gobierno bolivariano acusándolo de falta de garantías, autoritarismo o de ser una pura y simple tiranía. De este modo pretenderían justificar un abandono de la competencia electoral ante las perspectivas de una derrota muy cierta y muy grande. No sería la primera vez porque ya en 2005 boicotearon las elecciones para la Asamblea Nacional y ahora podrían reincidir en esa conducta.

JMK: Finalmente, ¿cuáles cree usted que son los principales desafíos del movimiento chavista ahora que el Comandante nos ha dejado? Mucho se ha dicho y escrito sobre el tema, ¿cuál es su punto de vista de cara al futuro?

AB: Yo lo que quisiera dejar bien claro en esta nota es que todo ese discurso que ha desarrollado la derecha y que reproduce ingenuamente la ultraizquierda argentina, en el sentido de que habría ya un poschavismo, es una interpretación que está totalmente equivocada. Por el contrario, yo creo que la muerte de Chávez lo que hace es inaugurar un chavismo, probablemente de muy larga duración. Más que pensar que con la muerte de Chávez se acaba el chavismo yo creo que es ahora cuando realmente empieza. Justamente estoy escribiendo algunas cosas de ese tipo, se los anticipo acá. Así como los asesinatos de Mahatma e Indira Gandhi no acabaron con el Partido del Congreso; así como los asesinatos de todos los líderes de la Revolución mexicana no puso fin al impulso revolucionario (no olvidemos que el partido heredero de la Revolución, el PRI, terminó gobernando durante setenta años) y así como la muerte de Perón no acabó con el peronismo, yo creo que la muerte de Chávez lejos de poner un cierra al chavismo será la que le da origen. Y la derecha en su desesperación actúa a partir de una tesis sociológicamente muy endeble del tipo: “muerto el perro se acabó la rabia”. Endeble porque no alcanza a captar las raíces de masas, profundas y densas, del fenómeno chavista. Más que la emergencia de un nebuloso poschavismo lo que yo veo en el futuro es lo contrario: la consolidación del chavismo –tiene un mártir, una tradición, un proyecto y un poderoso movimiento social genuinamente popular- todo lo cual desencadenará la renovación de la ofensiva de los Estados Unidos para tratar de apoderarse de las riquezas de Venezuela. Como se demuestra en mi América Latina en la geopolítica del imperialismo (Ediciones Luxemburg, 2012) Venezuela es hoy, según la OPEP, el país con las mayores reservas comprobadas de petróleo del mundo. Ya no es más Arabia Saudita. Es Venezuela. En consecuencia: lo que se viene es la consolidación del chavismo, y muy probablemente su radicalización (por aquello de que si una revolución no avanza termina por derrumbarse) y una exacerbación de la lucha de clases apelando ya a métodos muy violentos por parte de la derecha como pueden llegar a ser el boicot electoral o sabotajes, y una creciente probabilidad de que, en su desesperación para reordenar su patio trasero, Washington se decida a emplear las bases militares instaladas en el área con distintas estrategias de intervención armada. O sea, se está constituyendo un escenario muy complejo –que afectará no sólo a Venezuela sino a toda América del Sur- y en donde el chavismo lejos de desaparecer estaría iniciando una nueva etapa que, como producto de las condiciones bajo las cuales se desenvuelve el enfrentamiento clasista doméstico y la lucha antiimperialista, casi seguramente terminará siendo más radicalizada que la que conocimos en el pasado.

Sociedad distraída, sociedad dominada. Un grano de Maíz



Dicen los clásicos: "Una sociedad, una clase social, tendrá la grandeza de los temas que discutan, que ocupen sus preocupaciones". Ya dice el Che: "La Revolución es el escalón más alto que puede alcanzar el humano". Es decir, hacerse político, discutir Política, preocuparse por la Política.

Y la Política es la disputa del poder, de la hegemonía, de la conducción de la sociedad. En el caso del Revolucionario, es la lucha por el poder como instrumento para hacer la Revolución.

La burguesía intenta distraer a la sociedad de la Política, conducirla hacia la tontería, llenar su vida con preocupaciones banales. De esta manera la burguesía impera.

Lo trivial de la discusión será entonces una medida de lo arraigada que está la dominación, la oligarquía estará triunfante en su tarea. En el pasado, en la cuarta, la preocupación era el capítulo de la novela: que si Don Rafael habló… ¿cuál era el verdadero padre de Raúl Amundaray?, eso sólo lo sabía la negra que lo crió. La Política estaba   impregnada de estulticia, se decidía el voto por la apariencia del candidato, si era calvo, si era gocho le tocaba el ochenta y ocho. Y así esa sociedad estupidizada construyó medio siglo de oscuridad.

Cuando la sociedad consigue romper este ambiente narcotizante, cuando se impregna de Política, de la de verdad, cuando el poder se le disputa a la burguesía, en esos períodos revolucionarios, como el que hoy vivimos, cobra importancia la lucha por colocar en el centro de la discusión los temas transcendentales. La oligarquía intenta poner a la sociedad a discutir pendejadas: el porrazo a tal o cual, que si quién empezó, que yo no fui, que fue cayapa, quién tiró primero.

La calidad de la discusión es un pilar importante de la Revolución, podemos decir que allí reside el triunfo. Si dejamos que la oligarquía llene a la sociedad, a los humildes, de estupideces, entonces la sociedad no tendrá elementos para decidir un destino diferente a la dominación oligarca, será su fácil presa.

Es deber de la Revolución, de su dirigencia, conducir la discusión hacia temas importantes, trascendentes: La relación del Socialismo con los capitalistas ¿Es posible el Socialismo, es necesario? ¿Cuáles son sus características? ¿Los capitalistas pueden ayudar a construir Socialismo? ¿Hay o no hay crisis? ¿Cuál comportamiento debemos tener frente a la crisis? ¿Cómo organizarnos, es necesario? ¿Se puede construir Socialismo sin hegemonía de la Propiedad Social de los medios de producción? ¿Cuál es la base económica del fascismo?  ¿Cuál es la base económica del Socialismo? ¿Tiene relación el fascismo con el capitalismo? ¿En que nos diferenciamos de la oligarquía? ¿Por qué disminuyó el apoyo electoral?¿Es el Socialismo el centro del Plan de la Patria ? ¿Se puede aplicar el Plan de la Patria sin Socialismo?...  Estos serían algunos temas.

¡Con Chávez, con Maduro, Socialismo!
¡Irreverencia y Lealtad!

1 may. 2013

Casa de los Trabajadores Carlos Marx -CUTEM-

Por Tatuytv. Desde el año 1976, en la ciudad de Mérida, La proclama histórica de los trabajadores halla un espacio de encuentro para la organización y planificación de la lucha que persigue la defensa y resguardo de los derechos laborales.

La Federación Sindical Central Unitaria de Trabajadores del estado Mérida -CUTEM- en un desempeño incansable, ha abierto sus puertas, en esta nuestra casa de los Trabajadores Carlos Marx, ubicada en la avenida tres entre calles 27 y 28, para concentrar la lucha sindical y propiciar la discusión y formación.

A partir del año 2009, se renueva su visión política y gracias a la labor de la Comisión de reimpulso, se afianzan valores y principios revolucionarios para la consolidación objetivos en el marco de la lucha de clase.
El señor Juan Lobo, vocero de la Casa de trabajadores Carlos Marx nos hace un llamado para la activación e incorporación a la lucha clasista.

Todos formamos parte de la clase trabajadora y esta nuestra trinchera de lucha.

30 abr. 2013

PrensaDos: Más allá de los Titulares. Edición Viernes 26 de abril


Esta edición de Prensados "más allá de los titulares", esta dedicada a hacer un análisis del trabajo de los medios privados en estos días pos electorales en los cuales se estuvo fraguando un golpe de estado, viendo cual fue y es el manejo que se da frente a los hechos de violencia, y los constantes llamados que se hicieron a la misma.


28 abr. 2013

C.U.T.E.M Invita a la Marcha de este 1ro De Mayo 2013 - Día del Trabajador en Mérida


La Casa de los Trabajadores Carlos Marx, Central Unitaria de los Trabajadores del Estado Mérida (CUTEM) Convóca al Pueblo merideño a la gran marcha de la Clase Obrera. Este MIÉRCOLES 1ro DE MAYO. Desde la Plaza Glorias Patrias, 9:00 a.m. 

¡ASISTE! ¡CONVOCA! ¡MOVILÍZATE!