23 de jul. de 2009

OLIGOPOLIOS COMUNICACIONALES: LA INFORMACIÓN COMO MERCANCIA

Por TatuyTV

De ser necesario diagnosticar el estado de la sociedad contemporánea, los pensadores más críticos del planeta no dudarían en señalar –aludiendo a una sarcástica metáfora- que la humanidad entera transita por una rara especie de cáncer, que si bien no ha alcanzado carácter de metástasis podría arribar a un punto de no retorno. Sin embargo; el daño puede ser reversible. No lidiamos con un tejido celular afectado; sino con un gran entorno social fragmentado que de emanciparse pondría un fin rotundo al más cruento genocidio sufrido por la especie humana y que en este momento histórico, simplemente ha sido invisibilizado.


Lo primero que se debe señalar es que desde 1492 Latinoamérica padece los embates de lógicas de dominación que no corresponden a sus cosmogonías y menos a la constitución genética de su entramado humano. Esas lógicas, originalmente basadas en la fuerza bruta de la espada y la ideología de la cruz, han evolucionado hasta nuestros días alcanzando niveles imperceptibles, o lo que es peor, de naturalidad. Nuestra auténtica liberación depende de develarlas y romper definitivamente con ellas.

En la actualidad los mecanismos de dominación o reproducción ideológica dictan sobre la sociedad condicionamientos aparentemente inofensivos. En realidad, poseen una carga desmesurada de violencia que actúa directamente sobre la psiquis del individuo, quien a su vez estima habitar en un espacio caracterizado por la plena libertad. Ante el logro de sus objetivos, cualquier ruptura aparente con los cánones impuestos es rápidamente señalada, segregada y desvirtuada. La revolución socialista como única salida es tergiversada.

Ya no es necesario un verdugo que masacre revolucionarios; pues el sistema hegemónico aspira el dominio de las conciencias para luego, progresivamente, ir apropiándose de los territorios a través del control de los mercados. Así, la guerra, entendida según Clausewitz como la continuación de la política por otros medios, se vale de nuevos mecanismos para cumplir con sus objetivos. Ahora le es imprescindible la estandarización de los sistemas de interrelación social, es decir, de la cultura y todas sus formas de expresión. Erradicar la diversidad cultural es su meta principal.

Para cumplir con su cometido los nuevos dueños del todo se articulan en torno al poder de las empresas privadas de difusión masiva. En este sentido se debe reiterar que no existen los discursos inocentes –los mensajes no se deben a la casualidad y mucho menos a ese designio decadente y postmoderno atribuido a una presunta “causalidad”- No. Cada suceso que afecta a la especie humana es premeditado y ejecutado con alevosía por el imperialismo, pocos para quienes los muchos se definen como consumidores.

Amparadas en el plagio y defensa de la libertad de expresión, las empresas privadas no velan por el bienestar del usuario; sino por la perdurabilidad de su acción mercantil; puesto que sus medios de producción no sólo difunden falacias; también crean alimentos, viviendas, medicamentos y vestido; diseñan además las necesidades de compra-posesión mediante la publicidad. Valiéndose de todas estas estrategias cercenan el libre albedrio: lo que realmente ofrecen es un limitado abanico de posibilidades: alienantes, enajenantes, estereotípicas.

En “Propagandas Silenciosas” Ignacio Ramonet señala: “Tenemos ya la prueba de esto después de la megafusión, en febrero de 2000, entre la empresa America Online (AOL), líder mundial del acceso a internet, y el conglomerado Time-Warner-CNN-EMI. Este último es el primer grupo de comunicación a escala planetaria, y AOL un portal de acceso al Web (que posee también el programa de navegación Netscape), la más importante empresa de la galaxia Internet, con 22 millones de abonados que pagan. Su fusión constituye un ejemplo del tipo de aberraciones que se denomina el nuevo orden económico (la actividad de las firmas especializadas en las nuevas tecnologías de la comunicación, de la información y de la genética), al menos antes del mini-crash del índice Nasdaq en abril de 2000” (pag 22)

En un planeta con más de 6.000.000.000 de habitantes y con un medio como CNN, por ejemplo, que suma más de 1.000.000.000 de tele-espectadores, cualquier nación que se trace una revolución estará condenada a padecer las acciones de una guerra de cuarta generación. La principal táctica de los oligopolios radica en el hecho de convertir la información manipulada en mercancía, para ello estimulan necesidades en el usuario, quien principalmente debe ser movido por el miedo: a la otredad, al fracaso, a la no aceptación. Una vez convertido en adepto pasa a ser el último eslabón del mercado expansionista. Ya no sólo es un consumidor, sino un ser que se relaciona en función de la información que maneja; es de esa manera como logran la fragmentación de la sociedad, el desclasamiento de sus entes y la destrucción de las ideologías.

Cuando la empresa privada de difusión masiva divulga una falsa información, respondiendo a sus intereses empresariales, y el usuario desprevenido la asume como real y/o propia –sin cuestionarla-; empieza a ser víctima y difusor –repetidor- de una falsa opinión pública. De esta manera, la información, ya convertida en mercancía, aliena al ser humano y mercantiliza la conciencia del individuo, quien desde entonces se dinamizará en función del mensaje, la publicidad y la propaganda; se condiciona así toda acción social del ser humano.

El ícono, el logo y las atribuciones que representa, emprenden un proceso gradual de deshumanización; debido a que el hombre ya no necesita del otro para ser, sino de la imagen para socializar. Movilizado y controlado por una clase a la que no pertenece y que progresivamente le lumpeniza es imbuido en una realidad inventada que se refleja en su psiquis y se materializa en acciones que atentan contra los principios propias de una nación. El ecosistema pasa a ser un gran escenario diseñado por la industria del entretenimiento que ajedrezado es la morada del hombre, ahora convertido en peón y movido por la mano invisible del mercado.

El ser alienado, último engranaje de la empresa, es también una valla publicitaria ambulante. No basta la explotación de su fuerza de trabajo, el sometimiento ideológico, su desclasamiento. Al hombre-mercancía le es expropiado el cuerpo. Sin percibirlo, deambula por los espacios urbanos, rurales e institucionales publicitando al enemigo.

Ante la violencia ejercida sobre los espacios y el impacto de la crisis ecológica, la arquitectura contemporánea sugiere la ruralización de los mimos. La posibilidad de cambio es percibida por la hegemonía; automáticamente un nuevo espacio de relaciones es constituido. La inteligencia imperial crea la web: aparente mundo inofensivo en que se despliega la quinta generación de la guerra. Inmerso en la virtualidad, el hombre asume todo tipo de roles frente a un monitor: difunde todas sus características (Nombres, gustos, dirección física, contactos telefónicos, pseudónimo), se prepara para la guerra (con los videos juegos), limita sus posibilidades de comunicación (simplifica su lenguaje), cree estar informado e interrelacionado a millones de personas con las que nunca tendrá contacto físico. Es desmovilizado.


Ante esta realidad debemos comprender lo siguiente:
• Asumir una posición neutral fortalece el desenvolvimiento del imperialismo global.
• Declararse simpatizante de la idea revolucionaria y no militar con ella es una pose conveniente que puede terminar en moda.
• Entender la situación global y seguir los hechos como espectador sin involucrarse es debilitar a la Revolución.
• El pragmatismo sin ideología puede conllevarnos a un laberinto.
• Son nuestros recursos los que financian al enemigo.
• El fortalecimiento de la ideología en la generación de relevo (los adolecentes) demarcará el triunfo de la Revolución.

Pensarnos libres en el mundo contemporáneo es una ingenuidad, no se es libre cuando el libre albedrio se remite a una cantidad limitada de opciones a seleccionar y menos cuando quienes deben comunicarnos nos desinforman con publicidad. Convivir con las empresas privadas de difusión masiva es negarnos el derecho a construir nuestro propio tejido social y luchar por una verdadera independencia.

El genocidio de nuestros tiempos apunta hacia el control de nuestras mentes. Es en el estudio constante de nuestros procesos históricos y en la profundización de los pensadores más avanzados del socialismo en donde habitan las respuestas de la revolución.

Lo que nos jugamos es la trascendencia de la especie humana.