26 nov. 2009

Ludovico.


Siempre se ha dicho que el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor, es conocer su obra.


En el caso de Ludovico, el problema es más complejo. No basta con haberlo conocido personalmente, en su quehacer diario o en su trabajo como pensador y como maestro. Frente a él se impone una relación simultánea. Quizá así además de entenderlo logremos apreciar su verdadero valor.


Y es que Ludovico vive simultáneamente envuelto en la bohemia y en la magia de las palabras y las ideas.


Así, el profesor universitario, el escritor, el ensayista, el poeta, el periodista, el conocedor profundo de Marx no puede de ninguna manera desvincularse del conversador infatigable (al arrullo del vino) capaz de sacrificar horas y hasta días en el diálogo aparentemente intrascendente con alguna persona que necesitara de sus ideas.


Su visión de la vida y de su compromiso revolucionario (cosas que en él van inevitablemente juntas) están enmarcadas entre el Ludovico con olor y sabor a vino y el productor rigoroso, anticonvencional, destructor de manuales y por estas razones en constante combate consigo mismo.


Su eterna lucha contra la mediocridad y el facilismo intelectual se mezclaba con esa humildad de aquel que aprecia de verdad las cosas más sencillas. Así como era prodigo con su vino, nunca le negó a nadie una idea, una razón, un motivo.


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Entre sus obras, existe un libro sencillamente fascinante (que no se ha reeditado, que sepamos): Filosofía de la Ociosidad, del cual, libremente, tomamos estas notas:


Los pensadores marxistas suelen cometer el error, muy grave, de dar al marxismo por descontado, como un cuerpo hierático de doctrinas que no necesita de comentarios críticos, revisiones profundas y cambios teóricos estructurales (…) No cabe duda, que el marxismo se ha transformado en una religión. Conviene por lo tanto insuflarle una buena dosis de herejía (…) No parece sino que Marx fuera culpable de las diversas deformaciones que su doctrina ha sufrido en nombre de las revoluciones del siglo XX (…) Hoy toda sociedad está preñada de su contrario (…) De modo que la labor a emprender tiene dos fases que están dialécticamente ligadas: Teoría y Práctica (…) La teoría de Marx (…) (es) una teoría para la transformación del hombre.


Es por todo esto que, pensar a Ludovico, en nuestra Venezuela de hoy, en pleno proceso de parto, es pensar en la vida y en el compromiso, nunca en la muerte. Ya él lo decía:


Sea cual fuere mi destino, yo vivo

Y no quiero morir de muerte

Sino de vida pura…


Por ello ahora, con una copa de vino en la mano, solo queda decir: ¡A su salud

TatuyTv

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