21 nov. 2011

Una Rara Enfermedad. Por un Grano de Maíz


El paciente ingresó como catatónico, vivo, pero sin voluntad, los médicos quedaron estupefactos, nunca habían visto a esta extraña enfermedad.

Todos los órganos de aquel cuerpo funcionaban a la perfección, pero sin coordinación, cada uno parecía tener vida independiente. El corazón estaba sano, los electrocardiogramas eran perfectos. Los intestinos producían lo que tienen que producir, los músculos presentaban buen tono, el sistema nervioso respondía bien…

No obstante aquel organismo parecía no tener vida, no funcionaba como un todo, languidecía. Algo faltaba y los médicos no encontraban la carencia. Llamaron a muchos especialistas, todos reportaban la perfección en su área.

Finalmente, y ya desesperados, decidieron llamar a un brujo. Era un negro, así lo llamamos por que en el CDI no aceptó que le dijeran afrodescendiente, dijo que eso era una moda necia que el pertenecía al "Black Power", que "Black es Beautiful".

El brujo impuso sus manos sobre el cuerpo enfermo, se detuvo unos veinte minutos en el cráneo, resopló, fumó, cantó, invocó a sus ancestros, y finalmente gritó que tenía una respuesta.

Los médicos lo rodearon y atento oyeron: lo que pasó fue que los órganos hicieron una asamblea y decidieron que cada quién tuviera una especie de autogestión, un control de las células que lo componen, que no querían coordinación de nadie, abjuraron del sistema nervioso, del cerebro, de la médula. De ahora en adelante funcionarían horizontalmente, todo lo decidirían en asamblea de órganos, o mejor, de células, ahora eran el poder constituyente. Esa era la enfermedad de aquel cuerpo, dejó de ser un todo y pasó a ser una sumatoria de individualidades, de independencias, de egoísmos.

Dicho esto, el brujo hizo ademán de retirarse, los médicos especialistas lo detuvieron con preguntas: ¿ahora qué hacemos? ¿Cómo curamos esa enfermedad tan rara? ¿Qué nombre tiene? El brujo permaneció un tiempo en meditación, finalmente dijo:

"Lo que pasa en el cuerpo, es lo mismo que sucede en las naciones, en las tribus, allí está la respuesta".

Sólo un viejo galeno pudo descifrar el enigma del negro: debían restituir la coordinación de aquel cuerpo, así le devolverían la vida, la salud. Para eso debían alimentar al sistema nervioso, restituir las hormonas, los intermediarios químicos, vigorizar al cerebro, al hipotálamo, al cerebelo. En resumen, integrarlo de nuevo, hacerlo un cuerpo verdadero.

Ensayaron todas las medicinas conocidas, intentaron electrochoques y cirugías, pero todo fue en vano. Al cabo de unos días, los órganos comenzaron a extinguirse, a dejar de funcionar. A unos les faltaba la ayuda de los otros, la época de esplendor pasó con rapidez. Los órganos y las células aisladas habían fracasado.

Al otro día apareció en la pared del CDI este escrito: "El egoísmo capitalista, llevado a sus extremos, es anarquismo, y éste es la muerte de las sociedades".

Esta historia, aun sin confirmar plenamente, encierra una gran verdad: el cuerpo guarda grandes enseñanzas para los pueblos, la vida en todos los niveles presenta rasgos comunes.

¡Con Chávez Resteaos!

Fuente: http://www.ungranodemaiz.blogspot.com/

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